El hogar perfecto

por Raissa

Caía la noche cuando Sisi decidió abandonar su pequeña y desgastada cueva y se aventuró a encontrar un nuevo hogar. Muchos insectos ya conocían su ubicación y la noticia se había esparcido como semillas de diente de león al viento. Así es la solitaria vida de las arañas, se decía, siempre mudándose, siempre escondiéndose.

Tenía que tener mucho cuidado, pues a pesar de que la oscuridad le ayudaba a camuflarse, sabía que el peligro rondaba, una no siempre sabe cuando aparecerá un depredador que quiera una cena con un extra de patas, pensaba mientras caminaba velozmente y se escondía cada tanto tras una roca o entre la tierra.

Luego de un largo viaje, encontró un pequeño agujero, lo que significaba que tendría menos trabajo que hacer, sin embargo, el lugar parecía un tanto extraño a lo que estaba acostumbrada. Si bien se trataba de un agujero hecho en la tierra, tenía una entrada circular impecable en la que su cuerpo entraba perfectamente y por dentro estaba revestido por un extraño material de color azul que jamás había visto en su vida. Se internó en él y descubrió que, luego de unos cincuenta centímetros de profundidad, doblaba en forma horizontal hasta quién sabe dónde. Era una maravilla, ya podía sentir la comodidad con la que viviría en esa pequeña cueva y la facilidad con la que atraparía insectos para comer.

Decidió ponerse patas a la obra, pero antes de construir su compuerta letal, rellenó la parte trasera del agujero, pues no quería arriesgarse a ser atacada por detrás. Así, comenzó a recoger toda la tierra de los alrededores de la entrada e inició su larga tarea de fabricar una puerta que lograse camuflarse en la tierra y que le permitiese capturar su alimento de la forma más sencilla posible.

Construir una compuerta es una tarea difícil y requiere de mucha paciencia. Sisi movía sus patas cuidadosamente para mezclar los diminutos terrones con su tela y su saliva. Diez horas tardó en terminarla, justo cuando amanecía, la hora perfecta para empezar su caza.

Fue una mañana magnífica. Un grillo y un saltamontes se posaron cerca de la entrada a su guarida sin sospechar absolutamente nada, y ella, con su astucia y habilidad, los cazó como una profesional. Estaba orgullosa de lo que había logrado, tenía todo lo que necesitaba y podía descansar tranquila.

Durante la tarde sintió nuevamente un sonido cerca. Por el tipo de ruido que escuchó, pensó que se trataba de otro grillo. Al parecer, sí se trataba de uno de los mejores días de su vida. Siguió atenta y observó por el diminuto agujero que había dejado con ese fin: Sí, se trataba de un grillo, sin duda alguna, el sitio era el mejor del mundo para vivir.

Esperó pacientemente a que se acercara un poco más, y cuando lo estuvo, abrió su compuerta a una gran velocidad y atrapó al grillo sin ninguna dificultad. Mi forma de cazar es un arte, pensaba mientras volvía a su guarida y terminaba con la vida del insecto. Pero su felicidad sólo duró hasta ese minuto.

En menos de lo que se puede parpadear, sintió un ruido horroroso y vio cómo su compuerta letal era destrozada por una delgada vara que entraba en su guarida alcanzándole una pata. Retrocedió lo más que pudo, pero el seguro trasero de su hogar se lo impidió y no logró empujarlo debido al dolor que sentía en su patita quebrada. La vara se retiró del agujero y volvió a hundirse en él tratando de alcanzarla. Sisi se hizo lo más pequeña que pudo y comenzó a esquivar la varilla pese al dolor de su herida, pero ésta logró alcanzarle fácilmente otra vez quebrando una segunda pata.

¿Qué es lo que sucede? Según ella todo iba muy bien y había tomado las mejores decisiones ¿Así es como va a terminar todo? Se preguntaba llorando desconsoladamente mientras se apretaba fuertemente contra la pared tratando de esquivar la vara que volvía a atacarla y escuchaba el sonido que emitía su depredador:

– ¡Ven, mira! ¡Hay una araña muy grande en este tubo!

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