A Través de Historias Inconclusas: Un acercamiento al proceso creativo de Tolkien

Por Aranruth

A través de los muchos documentos que hablan del proceso de creación de la Tierra Media de Tolkien, usualmente se habla de los hitos literarios salidos de su mano en términos del orden en que fueron escritos y donde terminaron publicados. Poco se ha dicho respecto a los motivos por los cuales fueron escritos.

Es debido a esto que hago esta especie de ejercicio teórico (aunque llamarlo así probablemente le suba de categoría), intentando desentrañar, en términos más bien familiares, lo que pasaba por la mente del profesor cuando comenzó a escribir sobre la Tierra Media.

El Camino comienza:

Partamos revisando un hecho importante: Cuando Tolkien tenía 21 años, decidió entrar a la School of English y dedicar sus esfuerzos a la filología. Esto, después de codearse con los estudios clásicos, que no fueron muy de su agrado. En este lugar, en algún momento tuvo contacto con una obra que le depararía sorpresas.

Entre los manuscritos que debía estudiar se hallaba un antiguo poema anglosajón llamado “Crist”, escrito por el obispo de Lindisfarne, Cynewulf, muerto en 781 o 783 d.C. (este dato no es exacto puesto que la mayor parte de la información disponible sobre el Cynewulf autor del “Crist” y otros cuatro poemas preservados, lo describen tan solo como un poeta anglosajón del S.VIII). Los versos que le llamaron la atención decían lo siguiente:

“Eala Earendel engla beorhtost
ofer middangeard monnum sended”

“Salve Earendel, el más brillante de los ángeles,
sobre la tierra media a los hombres enviado”

Y aquí es donde la historia comienza… ¿Earendel? 

Tolkien dice al respecto: “Me sentí curiosamente conmovido… como si algo estuviese aún confuso en mí, a medio despertar de un sueño. Había algo muy remoto, extraño y bello tras esas palabras, si pudiese atraparlas, lejos, muy lejos del Inglés Antiguo.”

El joven Tolkien comenzó a buscar en los lugares más obvios. Partiendo por el diccionario anglosajón, que le daba por significado “Una luz brillante, un rayo”. Dado el contexto, Tolkien pensó que probablemente se refería a Venus, el Lucero. Sin embargo, otras referencias simbólicas en el poema lo equiparaban claramente a Juan Bautista, como heraldo de la venida de Cristo. Pero esto no era suficiente, pues Tolkien se había dado cuenta de que había algo más en esas palabras. No era un poema: era un acertijo, un mensaje.

Ante esto, la acción de Tolkien fue seguir buscando significados bajo esas letras, para finalmente crear un contexto con el fin de dar coherencia a ese significado. Él mismo solía decir que de un nombre se podía elaborar una buena historia, pero que al revés no solía resultarle. 

Decidido a dar una respuesta a este acertijo, planteado mil años atrás, comenzó a unir los esbozos de pistas llegadas desde el pasado. La estrella más brillante cruzando los cielos. Su nombre, Earendel. Un Mensajero de esperanza. Así es que, un año después, en Cornwall, emergió su primera creación artística, donde incluyó estas palabras que le fascinaron tanto, creando un trasfondo a la pregunta que se había planteado.

“Earendel sprang up from the Ocean’s cup
In the gloom of the mid-world’s rim;
From the door of Night as a ray of light
Leapt over the twilight brim,
And launching his bark like a silver spark
From the golden-fading sand
Down the sunlit breath of Day’s fiery death
He sped from Westerland.”

“Earendel se alzó desde el cáliz del océano
En el brillo del borde del mundo medio
Desde la puerta de la noche, como un rayo de luz,
Saltó sobre la orilla del ocaso.
Y lanzando su barca como destello de plata
Desde la arena de oro evanescente
Bajo el aliento de la luz del sol, de la ardiente muerte del día,
Dejó las tierras del Oeste”

De esas líneas del poema anglosajón surgen todas las historias que han llegado hasta nosotros. El texto es de 1914 y encontraremos reminiscencias de él en las historias desde allí en adelante.

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