Lo que debes saber si quieres ser escritor; el cuento

Acotación Inicial

Comenzar por una definición sobre qué es la literatura nos llevaría a unos derroteros que no pretendemos recorrer, por lo que nos referiremos en específico a la literatura fantástica; ese arte —generalmente de narrativa escrita— que nos sumerge en un mundo poblado de reglas ajenas a las que encontramos en nuestra propia existencia.

Si bien, la fantasía tiene un rango amplio de accionar, nosotros la veremos especialmente ligada a las tres etapas más comunes; la fantasía pre-Tolkeniana, la de Tolkien, y la post-tolkeniana. Sí, nos gusta Tolkien, y mucho.

Pero tranquilos —infames—no amantes de Tolkien, en Pluma y Pergamino exploraremos el caudal imaginativo casi infinito que permite la fantasía, así que —casi—todo está permitido.

Sobre el arte de escribir

Tal vez habrán oído sobre la inspiración que lleva a un escritor novel a forjar una de las obras más importantes del mundo, un escritor que, sentado en su apacible escritorio e iluminado por la sabiduría de las musas, tuvo la súbita concepción de una idea que más tarde materializó y convirtió en best seller.

Bueno, eso podría pasar, y mientras llegue la inspiración, podrías ocupar las valiosas horas de tu vida viendo vídeos no tan valiosos de gatos maravillosos haciendo payasadas.

Pero ese no es el espíritu, no precisamente por lo de los gatos.

Entendemos el arte de escribir como un ejercicio constante, donde el esfuerzo y dedicación es lo único que garantiza una mejoría en el oficio. No existe el genio espontáneo, no hay un entrenamiento heroico instantáneo de agregar agua caliente y servir: escribir bien requiere esfuerzo.

Nadie se vuelve (buen) escritor de la noche a la mañana, a menos que seas un Rimbaud o un Thomas Harris—caso que, evidentemente no eres, o ya estarías publicando en el New York Times.

Si aun no logras dimensionar este proceso, te recomendamos que lo veas como un viaje; un misterioso anciano toca tu puerta y más o menos violentamente, te convence de salir de tu área de confort, donde encontrarás maravillosos portentos, gente increíble y sobre todo, magia.

Si de paso saqueas un dragón, pues mejor que mejor.

John Howe
Gandalf por John Howe

Ese anciano puede llamarse literatura (O Gandalf,  y también viene en otros formatos y géneros) y te acompañará, si logras quererlo, por el resto de tus días.

El Cuento

Si jamás has escrito otra cosa que un estado de facebook y no sabes por dónde empezar, te recomendamos comenzar por el cuento:  leer cuentos es la mejor manera de entender la estructura básica de los mismos, escribir cuentos, es por otro lado, la mejor forma de desarrollar tu narrativa propia y conseguir tus primeros peldaños de logro en esta ardua—pero fantástica—travesía.

Quita ya de tu cabeza, escritor novato, que la lectura no está asociada a la mejoría como escritor: si quieres ser un buen escritor, has de leer mucho.

Pero bueno, sigamos;

Hay una estructura tripartita que subyace en todo cuento y, aunque usamos palabras complicadas, en realidad es más fácil de lo que parece:

triangulo pro

Los componentes de la narración corta se pueden resumir en:

Trama: engloba al argumento; de qué trata el cuento, cuál es el inicio, desarrollo y desenlace. Cuáles son los acontecimientos que ocurren, en qué mundo ocurren (ya hablaremos de worldbuilding en futuras entradas). En fin, es cómo se hila el cuento en sí: sin trama no hay historia.

Personajes: son los actores, los entes que, como engranes en un mecanismo, entorpecen o hacen avanzar la trama. La acción o inacción define a un personaje, la trama gira en torno a los personajes.

Estética: es el componente visual, por decirlo de alguna manera. Esta dimensión tiene que ver con la forma del cuento; en qué orden se narra, cómo se narra, con qué figuras retóricas se hace; el ritmo, el tono, etc. La estética evoluciona a medida que evoluciona tu propio estilo de narración.

Y entonces, ¿cómo empiezo?

Si hasta este punto no te has dormido, pues felicitaciones.

Esta es una pregunta que todos nos hemos hecho en algún punto de nuestras vidas, y tal vez, la mejor respuesta sea “por el final”.

Sí, así es.

Teniendo un final para nuestro cuento, es mucho más sencillo determinar el comienzo del mismo así como su desarrollo. Sabiendo lo que ocurrirá, nos permitiremos arrojar pistas, sin desviar la atención en detalles superfluos que no afectan a la trama, siempre apuntando al desenlace.

Un cuento no siempre tiene mucha complejidad, pero uno  bien narrado puede aportar sensaciones increíbles cuando está correctamente realizado.

El consejo de hoy

Como novatos, a veces soñamos con llenar páginas y páginas de figuras literarias rimbombantes o de descripciones de paisajes que en primera instancia nos parecen maravillosos, pues los elfos de piedra o los enanos de las costas rocosas nos parecen inventos originales y únicos, pero, caemos en el error de contarlo de una manera que no invita al lector a imaginárselo por su cuenta.

Contar una historia resulta aburrido. Mostrarla, es increíblemente mucho mejor.

Una de las máximas repetidas hasta el cansancio, pero nunca suficientemente aprehendida por el escritor novel es Muestra, No Cuentes.

O Show Don’t Tell, si tienes afinidades anglosajonas.

El muestra, no cuentes, es decir mucho con poco: a los lectores les gusta estar intrigados, no siempre ven con buenos ojos una digestión extensiva de lo que nos están entregando. El lector busca emocionarse con el misterio, con sus propias conjeturas.

Así que, si vas a escribir un cuento hoy, toma este consejo en cuenta: haz que tus personajes actúen, se una cámara para ellos, no un masticador de historias. El lector no es idiota, desafíalo.

No sé nada de literatura, ¿por dónde comienzo?

Primero que todo, por leer mucho. Y si no sabes qué leer:

El gremio de literatura te recomienda los siguientes cuentistas, que sin ser todos de fantasía (o específicamente cuentistas), es necesario leerlos:

Fantasía:
John Ronald Reuel Tolkien
Edgar Allan Poe
Howard Phillips Lovecraft
Andrzej Sapkowski
Ray Bradbury
Robert E. Howard
Ursula K. Lewin

Literatura Universal:
Horacio Quiroga
Antón Chéjov
Ernest Hemingway
Gabriel García Marquez


¡Nos vemos en una próxima entrada!

Esta entrada fue escrita por: Fingrar, actual magister del gremio de literatura Ohtaríma.

 

3 comments

  1. Excelente entrada! Gracias por el consejo! Cuando iniciamos una historia, es dificil ponerse en la posicion del “camarografo” y no caer en la excesiva descripción, y como dice el magister, convertirse en un masticador de historias. A trabajar en eso!!!
    Un abrazo y un beso en la mejilla!

    1. ¡Gracias Craba!

      Dejando de lado los convencionalismos más duros de la fantasía, uno puede aprender mucho de otras fuentes audiovisuales: el cine es una buena herramienta para aprender sobre el Show Don’t Tell.

      Igual, que no parezca que nos alejamos de la convención en aras de la originalidad porque sí; muchas veces, no queda otra opción que “contar” algo en vez de “mostrarlo”, y si está bien aplicado, sigue funcionando al 100%

      ¡Un abrazo!

      Mariano Pudú Fingrar.

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